Sark, un viaje en el tiempo

Sark

Al sur de Inglaterra existe una pequeña isla de apenas cinco kilómetros de largo por uno de ancho. Sus habitantes no tienen coche y viven en una casi total armonía. Lo que os estamos contando no es una utopía, sino que es un territorio que existe realmente y que se llama Sark.

Es una pequeña isla en la que, una vez se llega, parece como si se retrocedieran varios siglos atrás en el tiempo. Han renunciado a buena parte de las comodidades que nos reporta la tecnología, pero no todas.

La forma de llegar a la isla es en barco desde otras islas próximas, como es el caso de Guernesey, un auténtico paraíso fiscal que cuenta con varios helipuertos para atender las necesidades de sus ricos habitantes. Al llegar a Sark, además, puede verse la isla que compraron los hermanos Barclay para construirse un castillo. Dado lo celosos que son de su intimidad los barcos no pueden acercarse en demasía.

Toda esta opulencia choca claramente con lo que uno se encuentra en Sark y que en nada se parece a otras islas turísticas tales como Scilly. Esto no quita para que cuente con establecimientos hoteleros en los que alojaros. Si hacéis una excursión de un día también resulta suficiente para conocer la isla en la que, realmente, no hay nada turístico al margen de lo curioso que resulta cómo viven sus habitantes. Eso sí la fórmula les funciona, al menos de momento.

La mayor parte de los 600 habitantes de Sark se dedican a la agricultura y le pagan una serie de impuestos al señor feudal que, como es evidente, tiene una serie de privilegios. Algunos son tan antiguos como el de poder yacer con todas las novias del pueblo en su noche de bodas. Ese es uno de los que no utiliza. Eso sí, ni siquiera el señor feudal, al igual que el resto de vecinos, tiene un coche.

El modo de transporte más habitual en la isla es el tractor, siempre y cuando uno justifique que lo necesita para desarrollar su trabajo. Es el vehículo que utiliza la Policía, compuesta por dos agentes voluntarios y que trabajan a media jornada patrullan por la isla. Cuentan con una cárcel, la considerada más pequeña del mundo, con dos celdas y un baño y que, básicamente, es utilizada por los borrachos y los que generan peleas.

El otro vehículo permitido en la isla, al margen de las bicicletas, son los coches de caballos, que vienen a ser unos taxis a la antigua usanza. Eso sí, no os creáis que cualquiera puede tomar las riendas de uno sino que para hacerlo hay que aprobar un duro examen. A los cocheros no sólo se les exige saber conducir, sino también tener conocimientos turísticos de la isla para ir haciendo de guía a los visitantes.

Foto Vía HappyHomer

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