Dover, la ciudad de los blancos acantilados

Acantilados de Dover

Los blancos acantilados de Dover siempre han despertado la tremenda admiración de todos los que visitan Inglaterra. Un lugar evocador, emblemático, precioso, allá en el idílico condado de Kent. Dover tiene una larga historia que se cree que comenzó en tiempos prehistóricos gracias al puñado de hachas de piedra que se encontraron en la zona. Todas las demás pruebas han sido siendo destruidas por el mar a lo largo de los siglos.

En 1951, cuando se estaban realizando excavaciones para la creación de un grupo de viviendas, fue descubierto un cementerio sajón. Muchas de las tumbas contenían restos de joyas, peines, cerámica y armas de la época. Prueba de ello es que en la ciudad aún existen edificios sajones, como la Iglesia de Santa María, dentro de las murallas del Castillo de Dover.

La ciudad se convirtió en un puerto importante durante la Edad Media. La necesidad de salvaguardar dicho puerto llevó a la construcción de un castillo, llamado a defender la ciudad en todos los momentos de su historia, los últimos de ellos en los bombardeos de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

A mediados del siglo X Dover era conocida por ser una de las ciudades más prósperas a nivel comercial, sobre todo en sus relaciones con España y Francia. Desde entonces, ha sobrevivido incluso a un gran incendio, a la conquista normanda, o al asalto francés en 1295. Los franceses volvieron a intentar establecerse en este lugar durante los siglos XVIII y XIX. Es por lo que en 1804 se fortalecieron las defensas del castillo de la ciudad.

Castillo de Dover

Como ocurrió con casi todas las ciudades inglesas, la época victoriana trajo grandes cambios a Dover. El puerto, siempre muy ocupado, se llenó de personas y el ferrocarril hizo su acto de aparición. Las mercancías se empezaron a transportar incluso más allá de los límites de Europa. Esto hizo que la ciudad y sus habitantes prosperaran enormemente.

Hoy en día el puerto de Dover sigue acogiendo cada año a millones de visitantes. Los turistas se acercan aquí para desplazarse a otros lugares de la costa inglesa o incluso a otros puntos de las costas europeas, sobre todo el Mar Báltico. Los muelles del oeste acoge a las embarcaciones más lujosas, y es donde suelen partir los grandes cruceros.

Desgraciadamente, al ser Dover un lugar de comienzo de vacaciones de crucero, hay muchas personas que se quedan sin ver lo que la ciudad les puede ofrecer. Un agradable paisaje costero, bellos edificios, magníficas iglesias y casas históricas que bien merecen una visita. Además hay buenos hoteles y excelentes restaurantes.

En la ciudad y sus alrededores podréis encontrar una buena selección de tiendas, algunas pintorescas y otras más modernas. Otros lugares a visitar son los Jardines Russell y la Abadía de Kearsney, así como el Museo del Transporte.

Claro que Dover ofrece algo más que sus blancos acantilados, aquellos que los turistas ven al alejarse en un crucero. Seguramente recordaréis la experiencia de una visita como esta.

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