El origen de la Carta Magna

Copia de Carta Magna

Nacida como “Carta de las Libertades”, la primera versión de la Carta Magna fue firmada en el año 1215 por el Rey Juan I de Inglaterra y los señores feudales de la época, sus barones. El lugar elegido fue Runnymede, a medio camino entre el castillo de Windsor en donde el rey residía y Londres, que había sido tomado por los Barones rebeldes. Con este documento, los Barones buscaban defender sus derechos ante los abusos de quien aún hoy ostenta el título de «peor monarca de toda la historia de Inglaterra».

Durante el año anterior, en 1214, el rey Juan seguía empeñado en recuperar Normandía y Anjou, tierras francesas que perdió en los primeros años de su reinado. No sólo no lo consiguió, sino que las deudas surgidas de las contiendas en el cercano continente crecían y crecían. Para pagarlas, el Rey Juan creaba nuevos impuestos y arrebataba tierras según su voluntad. La tensión creció a lo largo y ancho del país hasta que la situación se volvió insostenible.

En octubre de 1214 tuvo lugar el primero de los encuentros entre los bandos enfrentados. El lugar elegido fue Bury St. Edmunds, en East Anglia. Allí, los Barones apelaron a las antiguas leyes de Henry I, invocándolas como justas, pero el rey Juan se negó a aceptar ningún límite a su poder ni a firmar ningún documento. En la primavera de 1215, esta vez en Stony Stratford, en el condado de Buckingham, una segunda reunión tampoco selló un acuerdo y tuvo como resultado el comienzo de una guerra civil.

No tardó mucho el Rey Juan en sentirse entre la espada y la pared, a fin de cuentas no contaba ni con el apoyo de los grandes propietarios, ni de los caballeros, ni de su pueblo en general. Tras varias idas y venidas, el texto del documento redactado por los barones se puso por fin sobre una mesa común. Fue en Runnymede, el 15 de junio de 1215, cuando finalmente el rey Juan firmó. Entre sus 63 cláusulas y sus más de 4000 palabras, destaca sin lugar a duda la más famosa de todas, la cláusula 39:

«No free man shall be taken or imprisoned or deprived of his lands except by lawful judgement of his peers or by the law of the land»

«Ningún hombre libre será apresado o encarcelado o privado de sus tierras excepto por juicio legal de sus iguales o por la ley del país»

Firma de la Carta Magna

Poco le duró al rey Juan la buena voluntad. No estaba dispuesto a poner límites a su poder. La solución la encontró en el Papa Inocencio III. El Papa necesitaba apoyo en Las Cruzadas así que cedió y liberó a Juan del juramento redactando una anulación de la Carta Magna. Y para ratificar esta nulidad, amenazó con excomulgar al rey en caso de que algunas de las partes pretendiera actuar de acuerdo a ella. Así pues, la vigencia de la Carta Magna duró poco más de tres meses.

Los barones, airados, declararon la guerra al rey. Y así de tensa seguía la situación cuando al año siguiente, en octubre de 1216, murió el monarca, dejando como heredero al trono a su hijo de tan sólo nueve años de edad, Enrique III. Siendo el heredero menor de edad, se buscó el regente más adecuado. El respetado caballero William Marshall, Conde de Pembroke, fue el elegido.

Comenzó entonces un nuevo periodo de reajustes para la Carta Magna redactada en 1215. William Marshall, trabajando conjuntamente con el cardenal Guala Bicchieri, representante del Papa en Inglaterra y de origen italiano, elimina las cláusulas más conflictivas y adaptan el documento a los nuevos tiempos. En noviembre de 1216 se establece un primer acercamiento a los Barones pero las negociaciones no llegaron a un puerto común.

Tras una nueva serie de modificaciones, ya en 1217 y habiendo ganado la guerra, William Marshall y el cardenal Guala consiguieron al fin la firma de éstos y el pacto para mantener desde ese momento la paz en Inglaterra.

Pasaron unos años y en 1225, ya de la mano de Enrique III, la Carta Magna fue revisada y modificada de nuevo. Quedó entonces dividida en dos: “Magna Carta” y “Charter of the Forest“, que regulaba las actuaciones dentro de los límites de los bosques.

Hoy en día hace ya mucho que la Carta Magna no está en vigor, pero durante estos 800 años ha servido de bandera no sólo a importantes cambios políticos y a movimientos de defensa de derechos, sino que su influencia ha alcanzado a documentos posteriores tan importantes como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y a la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Por ello su importancia no se halla tanto en su contenido general, sino en seguir siendo estandarte de su objetivo en esencia, el del limitar legalmente los poderes de los que gobiernan y garantizar los derechos de los gobernados.

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