Blackfriars, en Londres: el mayor puente solar

Puente solar en Londres

Pocos días atrás acabaron al fin las obras del que es ya el mayor puente solar del mundo, el de Blackfriars, en Londres, y este pasado lunes, las autoridades municipales se dieron cita junto a él para dar por hecha su inauguración.

Han pasado dos años y medio desde que allá por octubre de 2011 se comenzara la reestructuración del puente de Blackfriars, cuya imagen es una de las más clásicas sobre el Támesis a su paso por la ciudad británica. Quien haya paseado por su ribera, recordará que por uno de los tantos puentes que surcan el río pasan algunos trenes que atraviesan la City, lo que es el sector financiero londinense, en dirección a la estación ferroviaria del mismo nombre, en la parte sureste de la ciudad, cerca del centro.

Visto desde arriba, nos daríamos cuenta de que en realidad son dos puentes paralelos en uno: por uno de ellos pasan los peatones y los vehículos, y por el otro los trenes. Es precisamente este segundo puente el que se ha recubierto completamente con más de cuatro mil placas solares que permitirán reducir las emisiones de carbono en más de quinientas toneladas anuales, equivalentes, para hacernos una idea, a ochenta y nueve mil viajes en coche, hito éste más que importante si tenemos en cuenta que Londres cuenta con una de las atmósferas más contaminadas de Europa.

Semejante éxito tecnológico ha costado, eso sí, la friolera de nueve millones de euros, que por otro lado, y siempre que se cumplan las previsiones ecológicas, estarán más que bien invertidas.

Este histórico puente adquiere ahora una imagen inusual que se está convirtiendo en pocos días en simbólica en la capital inglesa, no solo por su localización, tan cercana en la vista a la inmensa cúpula de la Catedral de San Pablo, sino porque esta cubierta solar puede verse desde varios kilómetros a la redonda del Támesis.

Foto aerea del puente de Blackfriars

Vista aérea del puente de Blackfriars

El puente de Blackfriars tiene, por otro lado, una interesante historia a sus espaldas. Como la mayoría de los puentes londinenses, es centenario: lo inauguró la Reina Victoria en el año 1869 ni más ni menos pero curiosamente no lo hizo con el nombre conque hoy se le conoce. Su bautismo lo fue con el nombre de William Pitt, primer ministro de aquellos momentos. Sin embargo, aquel nombre se cambió por el Blackfriars en recordatorio a un monasterio dominico que había en este lugar desde 1278 a 1538.

Sin duda, la imagen de este puente en estos 144 años de vida que tiene ha cambiado bastante, y más con esta reconversión. Precisamente de esas obras hay un time lapse que espero os guste y que podéis ver un poco más abajo…

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Fotos via Networks Rail

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