Abadía de Westminster, símbolo de la realeza

Westminster en pintura

La Abadía de Westminster, o Westminster Abbey, comenzó a levantarse a mediados del siglo XIII, concretamente en el año 1245, durante el reinado de Enrique III, y su construcción duró casi 300 años. La obra, de estilo gótico, se llevó a cabo sobre los restos de una basílica románica, obra de unos monjes benedictinos.

Pero vayamos un poco más atrás… Cuenta la cultura popular que corría el año 616 cuando, en este lugar, se fundó el Thorney Island en homenaje a la visión de un pescador, el cual se ganaba la vida pescando en el Támesis, visión en la que vio a San Pedro. Años más tarde Eduardo el Confesor levantó en su lugar una abadía para sí cumplir una promesa que tenía pendiente. Hablamos de años comprendidos entre 1045 y 1065.

A partir de 1066, edificada ya la que existe hoy en día,  comienza su andadura como importantísimo centro religioso vinculado estrechamente a la monarquía inglesa.

Abadia de Westminster

Aparte de su arquitectura, su historia y los tesoros que guarda en su interior, esta abadía es sobre todo conocida por ser escenario de coronaciones. El arzobispo de Canterbury es el encargado de oficiar las distintas ceremonias, tanto coronaciones en la  St, Edward’s Chair (nombre que recibe el trono en el que son coronados)como funerales por el alma de los miembros de la monarquía.

También es tradición enterrar aquí a reyes y reinas, (son ya 17 los aquí presentes). Así que tendrás la oportunidad de presentar tus respetos a, por ejemplo, el propio Enrique III, a Ricardo II, a María Tudor o a la mismísima Isabel I.

Claro que no sólo los nobles tienen aquí su protagonismo. Si visitas Westminster no olvides pasar por el Rincón de los Poetas, en donde están enterrados, entre otros, Charles Dickens, Geoffrey Chaucer o Rudyard Kipling. Aunque no menos fascinante es conocer que también reposan aquí Darwin, Newton, Livingstone y el intrépido Capitán Cook, e incluso Sir Laurence Olivier.

Y una curiosidad más… La mítica “Piedra del Destino“, símbolo siempre presente en las coronaciones de los monarcas escoceses durante la Edad Media, estuvo en esta Abadía hasta el año 1996, cuando por fin volvió a donde debía estar, a tierras escocesas. Eduardo I la había sustraído 700 años antes, en 1296, durante el saqueo a la abadía de Scone. Hace unos años, finalmente, fue devuelta a los escoceses y, desde 1996, la piedra descansa en el Castillo de Edimburgo.

En el interior de la Abadía, te aseguro, te sentirás muy pequeño, y, sobre todo, maravillado ante su estructura, sus arcos, sus vidrieras, toda su decoración que incluye valiosos objetos de arte.

OTROS DATOS

  • La estación de metro más cercana es la de St James’ Park.
  • Aprovecha la visita y pásate también por otro emblema londinense cercano: el Palacio de Westminster.
  • La Abadía de Westminster no recibe, en general, subvenciones ni de la Iglesia ni de la Corona británica, así que lo que pagues por visitarla estará dedicado a su conservación.
  • Te puede resultar útil: GUIA DE TURISMO POR LONDRES

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1 comentario

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  1. Xabier dice:

    Se debe pagar la entrada para visitar la abadía. Una entrada individual de adulto es de 12 libras, existen descuentos para menores, jubilados y grupos. Con la entrada te entregan un plano con los puntos más importantes y puedes adquirir una audioguía gratis que te va contando toda la historia de la abadía.

    Acudir a los servicios religiosos es gratis, pero no puedes apreciar ni la décima parte de todos los tesoros. Entre semana suele haber un servicio a la mañana (hacia las 8) una misa a media mañana (11 u 11:30) y las vísperas o Evensong a las 5 de la tarde. Los domingos sólo abren para servicios religiosos, no se puede visitar.

    La iglesia de St. Margareth, que está al lado de la entrada principal a la abadía, suele estar abierta durante todo el día. La visita es gratuita, pero en mi opinión no tiene demasiado que ver (en comparación con la abadía, por lo menos).

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